Encurtidos: pequeñas joyas en vinagre
Share
Si hay un sabor que activa instantáneamente la memoria gustativa de cualquier español expatriado, ese es el del vinagre. Ese toque ácido, salino y vibrante que acompaña tantas veces a una cerveza fría o, mejor aún, a un vermut en una terraza al sol. Y ese inconfundible ingrediente es el responsable de cocinar pequeñas joyas de nuestra gastronomía: los encurtidos, pequeños aperitivos que, aunque muchas veces pasen desapercibidos por su humildad, son puro patrimonio gastronómico. Banderillas, gildas, aceitunas…, cada una con su personalidad, pero todas realizadas con el único objetivo de hacernos felices antes de comer.
El aperitivo más nuestro
Puede que en otros países el concepto de aperitivo esté más ligado a los frutos secos o a los dips industriales. En España, el aperitivo tiene alma propia. Y parte de esa alma está hecha de encurtidos. Son sabrosos, refrescantes, abren el apetito y, además, son ligeros. No es casualidad que casi toda barra de bar que se precie tenga una bandeja dedicada a las aceitunas, los boquerones en vinagre o las gildas esperando a ser devoradas.
Las reinas: las aceitunas
Negra, verde, rellena de anchoa, de pimiento, de almendra o incluso de queso. Con hueso o sin él. Aliñadas con ajo, pimentón, hierbas aromáticas… Las aceitunas son el comodín perfecto del tapeo y del aperitivo. Cada región tiene su variedad y su forma de aliñar, desde las manzanilla sevillanas hasta las gordales, pasando por las arbequinas catalanas o las cornicabra manchegas. Y todas, absolutamente todas, son capaces de transportarte a casa con un solo bocado.
La gilda: un clásico con carácter
La gilda es probablemente la brocheta más famosa de España. Nacida en el País Vasco —dicen que en un bar de San Sebastián allá por los años 40—, debe su nombre a la película de Rita Hayworth, por su carácter “salada, verde y un poco picante”. Lleva una aceituna verde, una guindilla encurtida y un filete de anchoa. Puede parecer sencilla, pero su intensidad es tal que, si la pruebas en el extranjero, sentirás como si alguien te hubiera traído media barra de pintxos en la maleta.
Las banderillas: el arte de pinchar lo imposible
¿Quién no ha picado una banderilla alguna vez esperando su caña en el bar? Son esas brochetas coloridas, con encurtidos de todo tipo: pepinillos, cebolletas, aceitunas, zanahoria, pimiento rojo, guindilla y, en muchas ocasiones, un toque de boquerón o anchoa. Cada bocado es una explosión de texturas y sabores que combinan el ácido del vinagre, el crujiente del pepinillo, la carnosidad del pimiento y el picante de la guindilla. Se nos hace la boca agua sólo de escribirlo.
Un aperitivo que cabe en una caja (y en una maleta emocional)
Para quienes vivís lejos de España, los encurtidos pueden parecer imposibles de encontrar… Pero en The Taste of Spain rescatamos esta tradición y hemos creado una caja con la que te llevaremos el aperitivo a casa, estés donde estés.
Así que ya lo sabes: la próxima vez que quieras sentirte cerca de España, no busques grandes banquetes. Abre un tarro de aceitunas, monta unas gildas, acompáñalas con un vermut o una cerveza… y verás cómo, por unos minutos, el bar de tu barrio vuelve a ti.
Porque a veces, lo más sencillo es lo que más sabor tiene a hogar.
*Puedes comprar nuestra Caja Vermut con todo lo necesario para montarte tu happy hour particular, incluyendo unos buenos encurtidos, visitando este enlace.